Una vez más nos toca quedada de «Hoy Compartimos». El tema de este mes ha sido «Historias de mi abuelo».

De mis cuatro abuelos, sólo conocí a 3. Los padres de mi padre, que emigraron de Italia a Argentina después de la Segunda Guerra Mundial, y a la madre de mi madre, hija de españoles y casada con un español de Ponferrada, provincia de León a quien lamentablemente no pude conocer, pero a quien tengo muy presente.
De manera que las historias que escuché desde pequeña siempre estuvieron relacionadas o con España o con Italia. Las vueltas de la vida han hecho que volviera para estas latitudes y haga el camino de vuelta que ellos iniciaron un día.
Particularmente recuerdo las historias de mi abuelo Nicolás, nacido (igual que mi padre) en un pueblito de Calabria, en el sur de Italia, llamado Maierato. El emigró a Buenos Aires, Argentina, después de la Segunda Guerra Mundial, donde tuvo que combatir. La verdad que me encantaba escuchar sus historias, de batallas y luchas y de pequeña desde luego que no podía imaginar lo duro que debe haber sido. Más bien imaginaba a mi abuelo como un valiente en medio de tanta guerra.
Recuerdo cómo nos contaba una y otra vez cómo había logrado huir de la batalla de Montecassino, una serie de cuatro duras batallas durante la Segunda Guerra Mundial, peleadas por los Aliados con la intención de atravesar la Línea Gustav, y tomar Roma. Donde gracias a que logró esconderse, pudo salvarse y como bien dice el dicho «soldado que huye, sirve para otra guerra».
La historia real distó seguramente mucho de la versión «Quijotesca» que yo hice en su día en mi cabeza, y hoy puedo llegar a imaginar lo duro que debe de haber sido no sólo pasar por la experiencia de la guerra, sino el haber tenido que vivir en carne propia y ver imágenes tan duras de hambre y pobreza.
De hecho, y a pesar de que tuvieron oportunidad, mis abuelos italianos nunca regresaron a Italia, quizás porque lo quedó en sus retinas era una imagen que no querían volver a ver…
Mientras tengo que preparar este post, estoy leyendo el último libro de una de mis escritoras favoritas, «La emoción de las cosas», de la mexicana Angeles Mastretta. Casualmente (o no), doy con un párrafo que se ajusta bastante al contenido de este post:
«Él hablaba muy poco de Italia. Uno creía que para olvidarla, pero ahora sé que era sólo para no perderla en palabras, para que todo aquello fuera suyo como algo íntimo e irreprochable, como un amor del que nadie puede encelarse, o un recuerdo que no se nombra por miedo a perderlo, ¿Para qué contar las heridas y el gozo de antes, si cuando otros los oigan entenderán tan poco?»
No podría estar más de acuerdo.
Lamentablemente no tengo una foto a mano…cuestión de mudanzas..pero desde luego, mi hijo ha heredado una veta «soldado» que por suerte lucha en «otras guerras» 🙂

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Besitos y buena semana!!
